
Joe Wright ha vuelto a
hacerlo. El afamado director de Orgullo y Prejuicio de nuevo ha transformado
una clásica novela romántica en un épico romance para la gran pantalla. Esta
vez ha clavado su peculiar estilo lleno de planos a contraluz, música y ritmos armónicos
acompañando cada escena y personajes interpretados de la forma más elegante
posible a la mítica obra del ruso León Tolstói escrita en 1877.
Anna Karenina es la
historia de una noble rusa (Keira Knightley), casada con un alto funcionario
del Gobierno ruso (Jude Law), residentes ambos de la ciudad de San Petesburgo,
que viaja a Moscú para hacerle una visita a su hermano Stepán Oblonsky (Matthew
Macfadyen), casado con la princesa Dolly (Kelly Macdonald). Anna intenta
convencer a Dolly de que no se separe de su hermano, pese a que este le ha sido
infiel. Mientras trata de conseguir su objetivo la protagonista conoce a un
oficial ruso, Vronsky (Aaron Taylor-Johnson, protagonista en Kick-Ass), del que
tras un baile en honor a la princesa Kitty (Alicia Vikander) comienza a
enamorarse. Pese a los intentos de Anna por mantenerse fiel a su esposo, acaba
cayendo en la lujuria y pecando contra el santo sacramento del matrimonio. A su
vuelta a San Petesburgo Anna Karenina tendrá que vivir presionada por las
miradas y los comentarios de la alta sociedad rusa y con el desprecio de su
marido Karenin, afectado más por la repercusión social de la crisis de su matrimonio
que por el adulterio de su mujer.
Paralelamente a la
historia principal , se desarrollan las vivencias de Konstantin Levin (Domhnall
Gleeson), amigo de la infancia de Stepán, desde la primera negativa de
matrimonio de la hermana menor de la princesa Dolly hasta que logra
comprometerse con ella. Konstantin es un humilde propietario de una finca en el
campo, con un hermano gravemente enfermo y enamorado desconsolado de la
princesa Kitty, que prefire trabajar en el campo junto a sus trabajadores que sentarse
mientras le hacen el trabajo.
En la película cabe
destacar las notables actuaciones de Jude Law, Aaron Tayler-Johnson y Domhnall
Gleeson; elegantes y serias; propias de las películas de Wright. También es
notable la originalidad de crear ritmos alternativos a la banda sonora
utilizando el sonido en coro que hace un grupo de selladores o los trabajadores
de la finca de Konstantin y el tratamiento teatral de las primeras escenas, en
las que se desmonta y se monta el escenario por detrás de las actuaciones a
modo de teatro. Pero lo que verdaderamente hace original ha este “film” es el
uso del teatro como escenario principal en la película, utilizándolo para
bailes, reuniones del Gobierno, cenas y hasta carreras de caballos.
La película mantiene la
crítica original del libro a las relaciones de infidelidad y al peso que tenía
para la sociedad en la Rusia zarista la visión social de sus relaciones
sentimentales, muy por encima del sentimiento abarcado en ellas. La cinta es un
espectáculo sonoro y visual a la que desde este blog sólo le ponemos una pega,
que se puede hacer un poco lenta para aquellos espectadores que no estén
acostumbrados a estos dramas de época.


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